
Don Mauro, además de ser un cómico cojonudo, posee una virtud maravillosa en el mundo del humor: tener un estilo propio. Es decir, el texto cómico que este crack se prepara tiene su sello personal. Hay muchos otros monologuistas que son buenos, pero que no poseen una personalidad tan acentuada. Es comparable al caso de Ignatius, sus coñas, su forma de expresarlas, sus temas... son únicos. Y, también en ambos casos, o te gusta o no te gusta. Personalmente me encantan esos momentos en los que, completamente indignado, se marca un párrafo de 30 frases por segundo, soltando puntazos por doquier y metiendo expresiones delirantes que no ves venir. Pinchen AQUÍ, AQUÍ y AQUÍ y vean uno de sus últimos monólogos ¡Qué risas! Lo de la vieja del Titanic es demencial. “Reviéntame toa, cerdo de mierda, que hoy si estoy sintiendo... (pausa poética)... la dureza de tu priapo, llevarse por delante, chorro a chorro, gota a gota, cual papel secante, las humedades de mi coño.”
Ernesto Sevilla y sus monólogos de cara inexpresiva es otro clasicote. Su primera incursión en el tema de la adolescencia (AQUÍ y AQUÍ) es de los que más habré visto. A pesar de ese toque de apatía, que muchos pueden ver como bastante sosete, consigue arrancar carcajadas al personal con joyazas como la referencia al cantante de “La Unión” o la historia de su familia bizca. Es absolutamente genial. A ver cuándo nos deleita con más de sus historias, que las últimas no han estado tan a la altura. “Si te salen muchos granos, la adolescencia dura seis años, te pones un gorro o...” “Al viejo este... con el pelo blanco... lo cojo... y lo caliento si quiero...”
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