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viernes, 7 de marzo de 2008

Apolon, rey del espacio (¡con un par!)


El otro día Arón y yo pasamos por casa de Bruno para ver unos cuantos episodios de “WildBoyz”. Nos sentamos ante el ordenador de su cuarto y, haciendo tiempo para que llegasen las pizzas que habíamos pedido, nos pusimos a degustar una suculenta secuencia de bromas en el youtube. A destacar la magnífica broma del espejo, con una planificación y escenificación cojonuda. Además de que, de por sí, la broma tiene que dejar descolocado a toda víctima.

Entonces, aprovechando un momento en que Arón fue al baño, me volví hacia Bruno con actitud pícara, recordando cierto descubrimiento reciente.

- Mira esto... Vas a flipar cuando veas su reacción.

Escribí en el youtube ciertas palabras, elegí el video en cuestión de entre todos los que me aparecieron y lo puse en pausa.

- ¡Arón! No tardes, que te tengo que enseñar algo.

Regresó al cuarto con claros síntomas de vejiga aliviada, quedándose de pie ante la pantalla del ordenador. En su mano tenía un paquete de pipas abierto.

- ¿De qué se trata? ¿Otra broma de cámara oculta? Sigo insistiendo que la supuesta broma en Rusia, del tipo disparando al otro que está dentro de la papelera es un “fake” como castillo, así que...

Su boca dejó de emitir sonidos que tuvieran sentido alguno en nuestro idioma. El video de colores chillones, cargado de energía por su melodía setentera, dio comienzo y lo dejó en estado de shock. Sus ojos se clavaron en aquellas imágenes retro, con la boca semiabierta y las cejas tan levantadas como para casi confundirse con su pelo. Su mano derecha se aflojó y el paquete de pipas cayó en cámara lenta, salpicando el piso con aquellos deliciosos frutos secos.

El video en cuestión nos mostraba el opening de una vieja serie de anime, enmarcada en el subgénero “mecha”, creada en la segunda mitad de 70, pero que en España llegó a tener su momento de gloria en los 80. Tres robots pilotados por humanos surgían del mar, modificando su configuración en el aire y acoplándose hasta convertirse en un único robot, el valeroso “Dai Apolon”, fiel guerrero contra las fuerzas del mal (esto es, otros robots gigantes con los que darse de hostias).

Arón se mantuvo sin mover ni un músculo, absorto en aquella orgía colorista. En el momento en el que el robot se completaba y subía el protector que tenía en la boca (se supone que está basado en la indumentaria de un jugador de fútbol americano), mi estimado colega se llevó su mano al pecho, dejando escapar una lagrimita.

Bruno se incorporó, acercando su rostro al de Arón.

- Está en trance...- Comentó, moviendo su mano ante su mirada ausente.

Sólo atendió a balbucear una frase tras pararse el video.

- Mecagonlaputa... Dios bendiga a Dai Apolon.



¡Peasso robot que lo flipas!

miércoles, 20 de febrero de 2008

La queja de la señora Iversen


El señor y la señora Iversen llegaron hace poco más de una semana, para quedarse 14 días. En su reserva pedían, a ser posible, un apartamento alto, cercano a la zona de piscina. Este tipo de peticiones vienen en el apartado de observaciones y yo, como recepcionista, debo hacer todo lo posible por cumplirlas. Gracias a que tenemos contratos con agencias y touroperadores escandinavos, tenemos todo “Brytoria Paradise” colmado de clientes nórdicos. Es por ello que, a pesar de ser una época difícil para muchos otros complejos de apartamentos, en el mío estamos en temporada alta de invierno.

Es por ello que los señores Iversen recibieron su apartamento alto, pero no cercano a la zona de piscina. Nada más darle la llave les expliqué que se hizo todo lo posible por darles exactamente lo que pedían, pero al estar llenos, ha sido imposible.

Comenzó así, la cadena de quejas absurdas:

Día 12 de Febrero, 11:24.
La señora Iversen acudió a mi recepción para pedirme un cambio de apartamento, como si hubiese ignorado por completo la explicación que le di el día anterior. Todo esto con una sonrisa helada.

Día 12 de Febrero, 17:35.
La señora Iversen se presentó nuevamente para aclarar que un árbol de la zona ajardinada les tapaba el sol en su balcón, por lo que tenían más frío de lo habitual. Les comenté que les dejaría unas mantas extra, puesto que no podíamos talar el árbol por una queja así.

Día 13 de Febrero, 12:25.
El señor Iversen entró junto a su esposa. Él se puso a hojear el libro de información turística, mientras ella, con sus sonrisa congelada a cuestas, me comentó que su apartamento tenía bombillas de poca intensidad y que era muy incómodo leer. Les expliqué que eran bombillas de bajo consumo, que tardan un poco en encenderse por completo y por eso parece que no son tan intensas, pero sí lo son.

Día 14 de Febrero, 18:13.
El señor Iversen estaba en el umbral de la puerta, mascullando algo con mala leche en su idioma natal. Mientras, la señora Iversen, se aproximaba a mi mostrador y me decía que su apartamento, al estar más cerca de la obra, escuchaba ruidos muy molestos por la mañana. Les expliqué que eso era imposible, ya que la obra que teníamos cerca estaba parada.

Día 16 de Febrero, 10:15.
Fiel a su constancia, la señora Iversen pasó a informarme de que en su cuarto seguía resultando frío y que su marido, a su edad, pues tenía problemas de huesos. Le di más mantas extra.

Día 17 de Febrero, 18:07.
La señora Iversen volvió a preguntarme por un cambio, a ver si se había desalojado alguno de los apartamentos cerca de la piscina. Su marido le murmuraba algo con cara de pocos amigos, mientras ella lo atendía, sin dejar de mirarme con su sonrisa forzada. Consulté en el ordenador y les dije que, por desgracia, aún seguían ocupados esos apartamentos.

Día 18 de Febero, 12:01.
Una de las guías escandinavas, Kirsi, me comentó que los clientes Iversen querían cambiarse de apartamento. Le comenté la situación, que cuando ellos llegaron, esos apartamentos ya estaban llenos. Kirsi afirmó con la cabeza: “Ah, entiendo. Bueno, si hay sale alguno de esos clientes, por favor, haz el cambio.”

Día 19 de Febrero, 09:30.
La señora Iversen me preguntó si había pasado la guía para hablar conmigo. Le dije que sí, y que estaba haciendo todo lo que podía, pero hasta dentro de dos semanas no se iban a quedar libres. Para entonces, ellos ya se habrían ido.

Día 20 de Febrero. Hoy.
Los clientes Iversen han tirado la toalla finalmente. O eso parece.

viernes, 1 de febrero de 2008

Hot Wheel!!!


Y nada, estaba yo a mi bola, conduciendo hacia mi trabajo (nada, hace escasos minutos), yendo por el pueblo de Tías (sí, voy a Puerto del Carmen por Tías ¿pasa algo? ¿eh?), cuando, al pasar por la rotonda de la salida del pueblo, siento como el culo del coche se me va hacia la derecha. Fue como si hubiese deslizado en un charco helado. Corrijo la trayectoria, un tanto mosqueado, y sigo bajando por la inclinada carretera. Inocente de mí, dejo divagar mis pensamientos, olvidándome un poco de aquel suceso. Cuando, de pronto, el coche comienza a vibrar. A tal vibración le acompaña un sonido bastante peculiar. Bajo el volumen de la música, acallando un poco a los Sneaper Pimps y su temazo “6 underground”. No hay duda, la rueda trasera se ha jodido. Damn it!

El coche parece empezar a imitar a un helicóptero. “¿Será mi ford escort, en realidad, un autobot?”. Sacudo esa idea de la cabeza. No soy Shia Lob... Laba... Leb... Shia LeaBeouf (ni mi padre es Indiana Jones, ojo). Trequetrequetrequetreque... Así era la banda sonora que adornaba la tensa situación. Intento buscar un sitio por donde pararme, pero aún no hay nada a la vista, a no ser que quiera salirme de la carretera y aterrizar sobre una orgía de aulagas. Continúo, paso la siguiente rotonda, esa que está cerca de Hospiten. Continúo. Recuerdo que, tras un trecho más de carretera, está la rotonda donde la policía suele ponerse para, entre otras cosas, joder vivo a todo el que no lleve el cinturón puesto. “Tengo que llegar... tengo que llegar...”



Me tuve que poner este precioso modelito.

Y llegué. Aparqué el coche en un aparcamiento cerca de la rotonda. Los coches iban pasando, contemplando mi humillación. Me pongo el chaleco reflectante, ese de color amarillo fluorescente. Me siento como uno de los pandilleros cantosos de “Batman Forever”... Me inclino ante la rueda trasera de la derecha.


Ésta fue mi cara, nada más ver la rueda.

Está más rajada que los calzoncillos de Espinete. Madre del amor hermosa... No sé qué sentir, si asombro ante tal hazaña, lástima por mi estimada compañera de caucho, o indignación ante la idea de desembolsar pasta por una nueva rueda. La toco y me quemo el dedo.

- ¡Hosssstia...!

Pues nada, cambié la rueda y tal. Cuando vi el corte, en su glorioso esplendor, es decir, con la rueda ya descansando sobre el pavimento, observé lo que parecía un corte en redondo, como si hubiese intentado abrirla con un abrelatas de medio metro. De su interior, al ponerla en otra posición, se cae lo que parece un montículo negro de tierrilla. No, es la goma de la rueda, triturada. Manda huevos.



Cambiar ruedas: un verbo que debería ser erradicado.

Pongo la otra rueda, como ya dije, y me voy con el coche hacia el supermercado más cercano, en busca de algún refresco para llevarme a la árida garganta. Se me ha olvidado quitarme el chaleco reflectante, todos me miran al pasar por los pasillos. La cajera, cobrándome la lata en cuestión, no deja de mirar hacia el amarillo fosforito que desprendo. Es equivalente a un mosquito atraído por una bombilla, he de suponer. Para más cachondeo, en el hilo musical del supermercado escucho una canción de Alex Lumbago... estoooo, Alex Ubago: “...la vida es una rueda que nunca frena...”

En fin...

¡Feliz año niebo!


¡¡¡Hey, hey, hey!!! ¿Qué tal va todo, artistas? Ahora que comenzamos el mes de febrero ("febrúar" en islandés), es hora de hacer recuento de éxitos y metas obtenidas ¿Cómo les ha ido? De toda esa lista de propósitos ¿han alcanzado alguna? ¿han comenzado alguna? Señores, hay que ponerse en lo que hay que ponerse. Así que nada de decir "No, no voy a apuntarme al gimnasio, como tenía pensado. Para eso mejor me compro uno de esos parches de la Teletienda, de esos que dan descargas y te dejan cuadrado en dos semanas." o "¿Dejar de fumar? Creo que esperaré a verano... cuando esté más tranquilito, de vacaciones, tu sabes... ejem..." o "¿El viaje a México? Pues, no sé, cari, me da que tendremos que dejarlo para el año que viene ¿y si nos vamos a La Palma?". Señores, hay que echarle un par. Hagan flashback al brindis de fin de año y recapitulen. ¿Quieren una vida mejor? Luchen por ello. Así que, yo les digo, este año hay que ponerse firme. Yo, por mi parte, prometo darles más de mi blog. Es por ello que este año será el año niebo (la "humirdá" ante todo, mi niña). Bring it on, bitch!


Si no se portan bien, Fabián les dará una ondanada de hostias. Que no les despiste esa sonrisa de buen rollo. Que se lo digan a Garey Busey...

domingo, 20 de enero de 2008

La queja del señor Rodríguez


El señor Rodríguez, al día siguiente de su llegada, se encaminó hacia mi recepción con humo surgiendo de su nariz, los puños cerrados y la mandíbula transformada en una arruga de carne. No obstante, como si recordase los buenos consejos de su madre, padre u otra figura paternal, se paró ante la puerta, respiró profundamente y entró con disimulada calma.

- Buenos días.- Dije yo, con tono gris.

- Buenos días serán los suyos, caballero, por lo que son los míos…- La calma dejó de ser disimulada, simplemente se esfumó.

- Vaya ¿y eso?

- En la reserva que hice por teléfono especifiqué con claridad que quería un apartamento con balcón, no con terraza.

- Exactamente y yo lo que…

- No obstante veo que en este complejo de apartamentos no suelen atender a los clientes como se debería.- Señaló, mirando hacia un lado, como si hubiese alguien más en la habitación afirmando con la cabeza.

- No se ofusque, señor Rodríguez. Que es temprano y aún no son horas para avinagrarse.

- Me alegra ver que al menos uno de los dos se lo toma a cachondeo.

Me incorporé, no como señal de amenaza ni nada parecido, no obstante sí que dejé aparcada mi sonrisa de escaparate y, sin rozar el tono intransigente, cambié a una actitud más seria.

- Señor Rodríguez, nadie está cachondeándose aquí. Usted llamó, hizo la reserva, aclaró que quería un apartamento con balcón ¿y yo qué le dije? Que haríamos todo lo posible por asignarle uno con balcón. Usted no está pagando ningún extra por tener apartamento en el segundo piso ¿me equivoco? Por lo que no puede considerarlo una exigencia. Mientras esté en nuestra mano, trataremos de reservar ese apartamento que usted ha pedido, pero lo que no podemos hacer es bloquear uno durante dos meses.

- Pero yo volví a llamar tres semanas antes y…

- En efecto, volvió a llamar y, en ese momento, aún podíamos disponer de apartamentos altos. No obstante, debido a los diversos cambios y a la amplia ocupación que, por suerte, hemos tenido, no hemos podido asignarle el que usted, en concreto, deseaba.

- ¿Entonces? ¿me va a decir que no puede cambiarme a un alto?

- Por ahora me temo que no, habría que ver si pasado mañana hay alguna cancelación. Entonces, tan pronto lo sepamos, se lo haremos saber y lo cambiaremos a uno alto.

- ¿Eso es todo?

- Así es.

Entonces llegó el momento que sabía que llegaría. El señor Genaro Rodríguez, embutido en una ridícula actitud de noble medieval insultado, se me quedó mirando fijamente, buscando un cambio en mi postura.

Yo le devolvía la mirada. Él no parpadeaba. Yo tampoco. Siguió mirándome. Yo le seguí respondiendo de la misma forma. El silencio tenso casi se podía respirar como humo en una discoteca de Puerto del Carmen. Sus ojos seguían teniendo a los míos como objetivo. Seguí mirándole con tranquilidad.

- Mierda…- Murmuró al tiempo que se frotaba los ojos con violencia, rompiendo su postura de gárgola gótica.

Se fue con el rabo entre las piernas. A veces me encanta mi trabajo.

viernes, 11 de enero de 2008

La queja del señor Konttinen


- ¿Qué tal, Ingel? ¿cómo sigue este comienzo de año?

- No me quejo. Me compré un coche nuevo y estoy muy contenta.

- Me alegro. Tan pronto como pueda me pasaré por alguna gasolinera y te compraré algunas cintas de casete de Arévalo.

- ¿Aróvalo? ¿Quién es? ¿un cantante?

- No, déjalo. Cosas mías. ¿Qué te trae por aquí?

- El cliente del apartamento 37.

- Apartamento 37... apartamento 37...- Murmuré al tiempo que consultaba la lista de estancia en el ordenador.- Los Señores Konttinen ¿no? Ya los he cambiado de apartamento.

- ¿Ah, sí? Porque ellos habían reservado un apartamento alto.

- Sí, pero debido a la alta ocupación que teníamos, tuvimos que darle uno bajo durante unos cuantos días. Pero, por suerte para ellos y para nosotros, los hemos cambiado a uno alto. Están en el 14 ahora.

- ¿Por suerte para vosotros? ¿Y eso?

- La señora Konttinen, que, por lo que parece ser, es casi 20 años más joven que su marido, tiene por costumbre el tomar el sol en tanga. Y, claro, la chica no es precisamente un adefesio. Por su culpa hemos dado de baja a dos chicos de servicio técnico. Pasaban por delante del 37 y se nublaban tanto que no recordaban que a unos metros estaba el muro de medio metro, que separa nuestro complejo de la obra contigua. Brazos rotos, fracturas de diverso tipo. Claro, por este lado es un muro de medio metro, pero por el otro es de casi cinco.

- Vaya, pobrecitos.

- Ahora la señora Konttinen puede tomar el sol en su balcón sin que nadie la vea. A no ser que a los del servicio técnico les de por pintar las azoteas. En fin... No me extrañaría para nada. Son los daños colaterales de tener un culo perfecto.

martes, 8 de enero de 2008

Bidones en la Sala Teatro, Parte 5 de 6


- Qué pasada...- Bruno fue el primero en romper la burbuja de silencio en la que estábamos inmersos.- Esto parece el decorado de “Mad Max 2”.

Y no iba tan desencaminado.

Ante nosotros se expandía un inhóspito submundo de butacas volcadas, charcos de orina, cáscaras de fruta, bolsas de plástico, algún que otro carro de supermercado oxidado... Nos tapamos la boca con las manos, intentando evadir el acentuado olor pestilente que desprendía cualquier centímetro cuadrado del lugar. Un paraje sin ley. Más allá de las barandillas que delimitaban el segundo piso, seguían los trailers, desvelando un sin fin de spoilers sobre las películas que estaban por llegar.

- ¿Por dónde comenzamos?- Pregunté.

- Separémonos. Bruno, ve a la izquierda, Niebo, por la derecha. Yo iré hacia la zona del fondo. Intenten encontrar a alguien que se ajuste a la descripción que nos dio Angélica.

Asentimos con la cabeza y nos pusimos manos a la obra.

Debía de haber un centenar de mendigos en aquel reino perdido, en diferentes actitudes: unos dormía en cajas de cartón o en casetas formadas con butacas arrancadas, otros miraban hacia la pantalla, otros discutían por cigarrillos, otros bebían cajas de vino barato. Había varios bidones que escupían llamas amables y que calentaban sus manos frías. Desde el techo casi podría observarse una extraña formación de luces amarillentas, similar a la de una constelación ebria.

Al igual que mis amigos, fui de bidón en bidón, intentando encontrar a alguien que portase el perfil indicado. Muchos de ellos nos miraban con recelo, pero la gran mayoría, acostumbrada a recibir muchos extraños desamparados cada día, parecía ignorar nuestra presencia, lo cual era de agradecer. Realmente no sé qué fue lo que me ocurrió, no sé si fue fruto del sueño que había vivido apenas una hora antes, o si me dejé llevar por las fechas navideñas, el caso es que, nada más verlo, una parte de mi tuvo unas ganas inmensas de abrazarlo.

- ¿Mauricio?- Le pregunté, reprimiendo unas lágrimas en mis ojos enrojecidos.

Su rostro, cruzado por arrugas propias de una vida insana, mostró un ligero aturdimiento nada más verme. Su cabello canoso era bastante menos poblado de como lo vi en mi sueño de alquiler. No obstante, y a pesar también de su marcada delgadez, seguía siendo el hombre que buscábamos.

jueves, 3 de enero de 2008

La queja del Señor Nilssen


- Feliz año, Niebo

- ¿Feliz año niebo? Me gusta. Un interesante juego de palabras. Gracias, Ingel. Me da que lo voy a utilizar en mi blog.

- Estás loco, muy loco.

- Forma parte de mi encanto natural. La frescura fluye por mis poros.

- Ya veo, ya veo.- Comentó la guía, soltando una ligera y agradable risita.- Veamos. Los clientes... Nilssen, eso es. Creo que son los de la habitación 15.

- ¿Te refieres al asunto de las cucarachas?

Ella asintió.

- Eso está solucionado. O eso creo. La verdad es que resulta muy extraño, ya que ningún otro cliente se ha quejado de tener cucarachas y hace poco que fumigamos el complejo entero. No sé, de todas formas ya pasó una de las mujeres de la limpieza para pasar el spray por tercera vez. Creo que fue ayer. Si no vuelve a funcionar habrá que echar mano de armas de destrucción masiva.

- Y aún así sobrevivirían.

- Sí, lo sé. Ellas y las ratas. Una de las pocas curiosidades científicas que todo el mundo parece conocer. Incluso en Escandinavia, donde apenas existen estos bichejos ¿no?

- Por suerte. Yo las descubrí cuando me vine a trabajar a aquí. Repugnante ¿Te importa si voy a hablar con los clientes un momento?

- Sin problema. Te acompaño.

Caminamos por la parte trasera, la que da a las escaleras de algunos de los apartamentos del piso alto. Hablamos de los días de lluvia que nos han ido sorprendiendo de vez en cuando. Fue entonces, a unos 20 metros del apartamento en cuestión, cuando vimos a un hombre dar pisotones en el suelo.

- ¿Qué le pasa?- Preguntó Ingel, frunciendo el ceño.

- No sé, estará intentando desestabilizar las placas oceánicas.

El cliente, que no era otro que el del apartamento número 15, levantó el pie y observó, victorioso, su triunfo. No pudimos verlo bien, pero se intuía cierta cosa de color negro o, al menos, oscuro, que cogió del piso y guardó dentro de un vaso de plástico. Ajeno a nuestras curiosas miradas, subió las escaleras a su apartamento, contento como él solo.

- Qué personaje...- Murmuré.

Tocamos en su puerta. Abrió con una actitud distinta a la mostrada segundos antes; parecía estar claramente irritado, con indignación marcada. Nos comentó que esa noche había encontrado otra cucaracha en su dormitorio y que quería una compensación.

miércoles, 2 de enero de 2008

¡Feliz 2008! Fuck, yeah!

¡Feliz 2008, artistas! Este año va a ser un gran año ¿no lo presienten? Se avecinan grandes cosas, cual tsunami repleto de buenas nuevas ¿Ya han puesto sobre la mesa la baraja de los buenos propósitos? ¿Y qué? ¿dejar de fumar? ¿ir al gimnasio? ¿comprarse un coche? ¿estudiar más? ¿ser más puntual? Desde "Hojarasca onírica" les propongo dos cosas:

1) Proponerse algo que puedan cumplir. Ya es hora de dejarse de tonterías. De nada sirve ponerse metas altas si luego no se esfuerza uno por conseguirlas. Así que intenten luchar por la mejora, por la evolución, por el progreso existencial, emocional y, a ser posible, económico.

2) Viajen. Así de simple. Gasten su dinero en un buen viaje. Soy de los que opinan que viajar es algo fundamental, un placer, un privilegio, un regalo, un avance cultural y social desorbitante... Y, recuerden, en vez de pegarse tres viajes a Fuerteventura y uno a La Palma, es mejor pegarse un solo viaje e irse a Praga. O a Amsterdam. O a Egipto. Hoy en día, con el asunto de los tijeretazos, los billetes-ganga de internet, etc... cualquiera puede irse a alguna capital europea por un precio razonable. Viaje, viajen todo lo que puedan. Conozcan mundo y sientan como la mente se les ensancha.

¿Mis deseos para este nuevo año? Pues, básicamente, los que cualquier aspirante a Miss Mundo: más paz en el mundo, más sentido común en todas las cabezas pensantes, menos armas, más sexo sano, más amor poderoso, menos reggaeton, más buena música, más carcajadas, más brindis, menos mala leche, menos rencores, menos celos, más honestidad, más buen rollo, más gente con ganas de mejorar, menos pereza colectiva, más marcha, más calidad de vida, menos Iglesia, menos hipocresía, menos cadenas morales, más pelis de Chiquito de la Calzada, más cachondeo, menos best-sellers vacíos, más libros de Amélie Nothomb, más cordialidad entre todos, menos paranoias colectivas, menos enfermedades reviradas, más buen humor, más optimismo, más cine de calidad, más sonrisas...

Sobre todo eso, más sonrisas.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Pasión para estas Navidades

Desde este humilde (y grandioso) blog, les deseo a todos una Navidad repleta de pasión. Porque nos falta mucho de eso. Pasión transparente y sana, me refiero, porque de la otra (cornamentos varios, al viejo estilo reno, escapadas al club de alterne decorado con luces rojas, etc...) ya hay más que suficiente. Estoy seguro de que más de un problema de este mundo se resolvería con buenas dosis de sexo y amor. Eso está claro. En la Nochebuena no, espero que hayan sido buenos, que es una noche familiar y tampoco es cuestión de escandalizar a las abuelas. Pero en el 31 de diciembre que se aproxima, les deseo mucho desenfreno del natural, el otro desenfreno (meterse todo un catálogo de mierdas en polvo o líquido en el cuerpo) déjenlo para los gilipollas sin personalidad.


"Este año has sido mala, muy mala... pero no te pienso dar carbón precisamente, habrá que pensar en otra cosa, Amber..."

martes, 18 de diciembre de 2007

Bidones en la Sala Teatro, Parte 4 de 6

Llegamos al Cine Atlántida a unos quince minutos antes de que diera comienzo la sesión de las 6 de la tarde. Como teníamos un poco de margen, compramos la entrada, justo después de esquivar a un extraño hombre de pesado abrigo y sombrero negro, y nos fuimos a sentar en el muro que bordeaba la periferia de El Charco.

- Bien, la idea es sencilla. Entramos, lo buscamos y tratamos de convencerlo.

- Génesis ¿crees que es tan fácil?- Dije yo, con bastante pesimismo.- Según nos dijo Angélica, ese hombre ha podido estar ahí unos seis o siete meses.

- Y si ella no ha podido hacerle entrar en razón ¿crees que lo vamos a lograr nosotros?- Comentó Bruno.

- Bueno, bueno, vamos a ver. Ya vieron a esa pobre chica, me siento responsable...

- ¿Responsable? No exageremos. El que hayas chateado durante un mes con ella no te hace ser su ángel de la guarda.- Le recordé.

- Ya, lo sé, pero es que la semana pasada me compré unos cuantos libros de fotografía bastante caros y me quiero redimir con esa obra de buena samaritana.

- Vaya, me alegra ver que se bajó el telón.

- Ojo, eso no quita que quiera ayudarla.

- Ya veo...

Subimos las escaleras del hall, el "señor del cine" nos rompió las entradas que le mostramos y accedimos, de inmediato, a la Sala Teatro. Aún faltaba unos dos minutos para que el vaivén de trailers "destripapelículas" diera comienzo. Mucha gente iba entrando y acomodándose en las butacas. Para el que no lo sepa, la Sala Teatro es la sala principal de los Multicines Atlántida. Es la única que posee dos pisos (aunque el segundo se ha dejado de usar desde tiempos inmemoriales) y que puede también usarse como teatro, para los recientemente desaparecidos "Lanzarote Screenings" o escenario para mítines políticos de corte sectario.

Nosotros pasamos a sentarnos en una fila de butacas que se encontraban más próximas a las escaleras que dan al segundo piso. La música casposa de versiones españolas de "Grease" cesó, las luces se apagaron y, sin previo aviso, apareció Nicolas Cage en la pantalla grande, luciendo un inapropiado peluquín, dando a entender, una vez más, lo desafortunadas que eran sus últimas elecciones en cuanto a los proyectos en los que interviene. Me da que alguien debe de despedir a su agente... y no señalo a nadie... ejem...

Nosotros aprovechamos la oscuridad y el desconcierto del resto de espectadores ante el nuevo peinado del sobrino de Francis Ford Coppola, para caminar hacia las escaleras. Saltamos el aviso de prohibido el paso, con una de esas cuerdas rojas atadas a dos varas de metal, como si estuviésemos entrando en el escenario de un crimen (no íbamos tan desencaminados) y subimos las escaleras hacia el segundo piso.

- La última vez que estuve aquí arriba fue en el estreno de "El Rey León".- Confesó Bruno.

- Joder, es verdad. Yo también recuerdo haber visto aquí "Aladdin" ¿y tú Génesis? ¿qué...?

Nos paramos en seco nada más llegar al final de los escalones. Aquel apocalíptico panorama nos confirmó lo que, de oídas, habíamos sabido durante tantos años.

- La leyenda urbana era cierta...- Murmuró nuestra patidifusa amiga nipona.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Bidones en la Sala Teatro, Parte 3 de 6

Hojas secas cayeron, destapando un sueño.

Ocurrió como siempre suele ocurrir, contemplando ante mí una cascada de hojas secas que caía con ligereza, descubriéndome al otro lado una experiencia que nunca llegaré a vivir, una explosión de sensaciones robadas. En ese instante me convertí en ella, una adolescente de mirada ausente que entraba con cierto pesar en una habitación que, a juzgar por la colorista decoración, se encontraba en pleno auge navideño. El pequeño árbol travestido para la ocasión cobijaba unos regalos empaquetados con cándido entusiasmo. Me senté en el sofá más cercano, observando, en una hermosa bola roja que pendía de una de sus ramas, mi rostro demacrado por una tristeza difícilmente descriptible. Una bola de cemento parecía dar vueltas con brusquedad dentro de mi estómago. Entonces, como si de un telefilm de sobremesa se tratase, un hombre canoso entró en tal cuco decorado. Me volví hacia él con asombro, incorporándome rápidamente y lanzándome a sus brazos.

- Te he echado mucho de menos, rosita mía.- Me susurró al oído.

Aquella bola de cemento de mi vientre se diluyó, dando paso a una llama de felicidad que se expandió por cada rincón de mi lánguido cuerpo.

La hojarasca volvió a caer.

Me encontré de nuevo en aquella heladería, con el cuerpo estremecido por el viaje emocional. A mi derecha estaba aún aquella joven, la poseedora de aquel sueño. Bruno pareció darse cuenta de las emotivas lágrimas que yo intentaba reprimir, mientras, Génesis seguía atendiendo el testimonio de la muchacha con mucho empeño.

Me incliné hacia mi colega y le murmuré:

- Tenemos que ayudarla. Debemos que encontrarlo.

jueves, 6 de diciembre de 2007

Bidones en la Sala Teatro, Parte 2 de 6

Llegamos a la altura de la heladería y Génesis nos hizo frenar en seco.

- Chicos, el plan es el siguiente: entro, hablo con ella y si accede, te doy un toque al móvil, Niebo, y entran.

- Vale, por mí bien.

- Joder ¿y no podían haber quedado en una cafetería?- Se quejó Bruno.

- No, ella me llegó a decir hace tiempo que le gustaban los helados. No sé, cuando se me puso a llorar en plena conversación de chat, lo primero que se me vino a la mente para consolarla fue el invitarla a un helado.

- Ños, es que acabo de comerme un helado.

- Nadie te obliga a comerte otro, Bruno.- Le recordé yo.

- Ya, pero es que un cafetito sí que...

- ¡Vale, ya! Chicos, tengo que entrar. Si de verdad quieren ayudarme, entren cuando de el toque.
Asentimos con la cabeza.

Apenas cinco minutos después, mi móvil comenzó a sonar con la melodía de "Cowboy Bebop" (es la melodía que elegí para Génesis, como ella es japonesa, pues siempre pongo temas de anime como referente a sus números de teléfono. Además, no veas como mola ese temazo). Bruno y yo nos apresuramos a entrar. Tenía curiosidad por saber hasta qué punto se ajustaba la descripción que nos había dado Génesis sobre esa ciberfriend que se había hecho.

- Estos son Niebo y Bruno.- Dijo nuestra fotógrafa favorita, incorporándose al vernos entrar. Los buenos modales nipones siempre estarán ahí, por muy occidental que ella parezca. Lo cual es todo un puntazo.

Entonces la vimos, una joven de piel pálida, contrastando con su pelo negro profundo y un aura de fragilidad propia de las figuras de Lladró. Debía de rondar los 17 años. Nos sentamos y, tras las típicas coñas de Bruno para romper el hielo (algo más que recomendable, sobre todo en una heladería), entramos en el asunto en cuestión. Se ve que la chica no puso impedimento en tratar ese problema que tanto le aturdía.

Yo, llevado por la curiosidad, me concentré y, aprovechando en uno de estos momentos en los que soltó un sollozo, le puse mi mano sobre el hombro. Entonces, la maquinaria onírica brotó repentinamente en mi interior.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Bidones en la Sala Teatro, Parte 1 de 6


Ayer me pasó algo bastante curioso. Fue uno de mis días libres y, tras ir a comprar un libro para mi hermanita Vera, me di un paseo por la avenida de la playa El Reducto junto a mi amigo Bruno. Ambos estábamos degustando dos helados de generoso sabor afrutado, mientras el sol de un sábado irreal (dentro de los parámetros de un recién llegado diciembre) nos acariciaba las coronillas. El rumor de tímidas olas llegaba a mi oído izquierdo, mientras por mi derecho aterrizaba lo que Bruno me estaba contando:

- ...Y entonces le dije "Eh, espera un momento, tío ¿dónde crees que vas a meter ese consolador de treinta centímetros?" y se me quedó mirando en plan ¿sabes? en plan "yo lo flipo". Oh, como si yo todos los días, cada mañana, me estuviese metiendo una bate de baseball por el culo ¿me entiendes?

- Desde luego, tus viernes por la noche nunca son aburridos ¿verdad?

Entonces vimos a una figura, a cierta distancia, corriendo en nuestra dirección. Vestida con una de sus pintorescas camisas negras con dibujos de gatos de color magenta, pantalones negros y uno de sus bolsos de lolita gótica. Me paré y le di con el codo a Bruno.

- Tío ¿esa no es Génesis?

- ¿Te refieres a esa japonesa loca que corre en plan kamikaze hacia nosotros?

Se paró ante nosotros, inclinándose hacia delante y reposando sus manos sobre las rodillas, en una danza incómoda de respiración entrecortada. Tardó medio minuto en poder articular palabra.

- Joder, no saben la movida que me ha pasado.

martes, 27 de noviembre de 2007

Y el ganador es...


Anoche me pasé por casa de Génesis. Me descalcé las playeras nada más entrar, ya que sus padres aún conservan algunas costumbres de su país de origen. Caminé por ese estrecho pasillo hasta el cuarto de mi querida amiga y me senté a su lado en ese sofá rojo que tiene. Por cierto, a ver si renovamos el mobiliario, Gen, que ya va siendo hora (ya no sé cómo convencerte para ir a la cafetería de IKEA, la verdad. :-P). El caso es que ella estaba viendo una cinta muy curiosa.Se trataba de la elección de una Miss, justo en el momento en el que se decidía, de entre un grupo de dos chicas (las damas de honor ya mostraban, con orgullo, su banda) quién iba a ser coronada. Primeros planos de caras nerviosas que intentaban mantener una sonrisa un tanto irregular. Segundos en el que el oxígeno llegó a pesar más de lo normal. Dieron el nombre de la joven en cuestión y ésta se llevó las manos a la cara, rompiendo a llorar con desesperación. La otra, que no disimulaba tan bien su resquemor, la abrazó cómo el que abraza a un paragüas (¿y quién abrazaría un paragüas? No sé, pero hay gente "pá-tó").Luego, para mi sorpresa, pasamos a ver otra gala, donde se repetía la misma situación. Emoción estirada cual chicle, con ese momento incómodo intencionado en el que el presentador de turno abre el sobre y dice: "Y la nueva Miss Tinajo es..." Mira el sobre, mira hacia las jóvenes, mira el sobre de nuevo. Sólo falta un tema de Ennio Morricone en plan duelo del oeste. Dice el nombre y la tal Guacimara rompe a llorar. Pasamos a otro momento crucial, pero esta vez en un concurso de pasteles. Fue entonces cuando le pregunté a Génesis a cerca de esa cinta y ella me respondió:

"Me gusta grabar estos momentos y recopilarlos. Nunca me he visto en un instante así, en el que las palabras escritas dentro de un sobre puede marcar un antes y un después en mi vida emocional, social y/o profesional. Me gusta ver también el rostro de las chicas, como pasan de la inquietud más profunda a la alegría más desmesurada. En realidad, poco importa el resto de la gala. Son estos segundos los más interesantes."

Antes de salir puso a grabar la gala de Supermodelo 2007 de Cuatro, programa que ha seguido con agrado. Bueno, a estas alturas, si no se ha enterado ya por el e-mail que le mandé a las 9, sabrá el resultado. Ella apostaba por Magdalena.

lunes, 26 de noviembre de 2007

La queja del Señor Hänninen


- Buenos días, Niebo ¿qué tal estás?

- Bien, bueno, no puedo quejarme. Hoy parece que va a haber mucha lluvia y así sé que no pasarán tantos clientes para darme el coñazo.

- Eres una inspiración para todos los recepcionistas del mundo.

- Hago lo que puedo, Ingel, hago lo que puedo.

- Mira, no te entretengo mucho. Tengo una reclamación de uno de nuestros clientes.
Me incorporé con entusiasmo. Las reclamaciones ficticias siempre me alegran el día.

- Vamos a ver...

Ingel sacó unos papeles de su carpeta de color púrpura y me tradujo letra por letra aquel texto en finlandés.

Entonces solté una carcajada.

- ¡Vaya, ésta sí que es buena!

- ¿Ah, sí? ¿Y por qué?

- El cliente dice que, como las escaleras del apartamento estaban mojadas, se resbaló y se dio con el hombro en la verja de enfrente ¿no es así?

- Sí, así es.

- ¿Y qué número es?

- El apartamento número 15.

Salí de mi estimado habitáculo y la invité a seguirme hasta el escenario del presunto incidente. Echando un vistazo a simple vista, midiendo la distancia entre la verja y el apartamento, y teniendo en cuenta los obstáculos del jardín, el cliente, en el caso de ser verídico lo que cuenta, tuvo que haber hecho esto y entonces golpearse con la verja.

Nos estuvimos riendo un buen rato ¿Ves? Ya me ha alegrado el día.

viernes, 23 de noviembre de 2007

Me presento...


Me llamo Javier Niebo y vivo en Lanzarote, tierra de volcanes, paraje marciano (me pongo romanticón fácilmente, como pueden ver). Trabajo "as a receptionist" en un pequeño complejo de apartamentos llamado "Brytoria Paradise", donde vivo rocambolescas aventuras y desventuras de todo tipo (sí, siempre habrá algún que otro momento al viejo estilo Jaimito, o al menos eso espero!). Este blog es, de alguna forma, mi forma de evasión primordial. Así evito el estrangular a algún cliente sueco pesado y, al mismo tiempo, aporto mi granito de arena a la maravillosa blogostera (¡ole!) ¿Para qué queremos psicólogos o libros de Jorge Bucay si tenemos Internet?
Ah, debo mencionar cierto detalle que tal vez pueda chocarles: tengo un don, un don un tanto especial. No un don del tipo "puedo esculpir dioses griegos en un pilar de mármol", ni tampoco del tipo "me puedo tocar la nariz con la lengua" (adivinen en qué bloque está Miguel Ángel y en cuál está Juano), mi don está en un camino intermedio. Hablaré de ello en la sección "Sueños" y, para el que quiera conocer el origen de tal don, deberá leer con atención la sección "Flashback".

Si quieres echarte unas risas a mi costa con todas las peripecias que me pasan en este (puto) trabajo, pueden leer los textos de la sección "Recepcionista". Para el que no esté interesado lo más mínimo en mi vida, que haberlos haylos (y no lo comprendo, puesto que soy una persona muy interesante, o al menos eso me dicen en la terapia de ninfomanía), les aconsejo ver la sección "Viajar" (el mundo está lleno de lugares IMPRESIONANTES) o "Movidas" (internet es un cúmulo desorbitante de frikadas sin ley). En el apartado de "Cine y tv" contaré la ayuda de Arón, cinéfilo y cinéfago desatado que no para de recomendarme películas y series.

Bueno, seguramente saldrá con el tiempo alguna sección más. Estoy barajando algunas, como "Clases de berberecho", "Poemas sobre Peret" o "Coprofagia matinal". Ya veremos por cuáles me decanto.

¡Hala, a pasarlo bien, artistas!