martes, 5 de febrero de 2008

Productos Moser

El maravilloso universo de los idiomas… Es curioso encontrarse con palabras que, para el que las crea, no tiene sentido alguno, tan sólo un conjunto de sílabas abrazadas. Mientras que para otros, puede resultar una razón importante para soltar una sonora carcajada. Y más gracioso es saber que puede tener origen en el mismo idioma que compartimos. Éste es el caso del producto que les vengo a presentar. Un aparato para cortar o perfilar pelos varios (bigote, cejas, pelos de la nariz, etc…), que tiene una marca la mar de curiosa: MOSER.


No sé hasta qué punto puede resultarme graciosa esta marca. Entren aquí. "Centro de formación moser". Jajajajaja. Brutal. Aquí hay más. Creo que, en el momento en el que la descubrí, no logré asimilarlo. Tuve que mirarlo varias veces. Me froté los ojos, volví a mirarlo. Y me reí un buen rato. La forma del aparato podría ser comparada con la de un consolador ¿no creen? Tal vez me esté llevando por la marca y ahora veo múltiples connotaciones gays donde no las hay. Pero es que es muy gracioso, señores. Vean la cara del tipo en la foto. La mujer (su pareja, debemos suponer) le da un besito en la nariz, en plan “Oh, cari, me encanta encontrar tu nariz desprovista de cualquier atisbo de pelo. Esta noche voy a ponerme ese traje de colegiala que me compraste la semana pasada.”




La pobre… Él, en realidad, es un gay que aún no ha puesto un pie fuera del armario, en pleno proceso de metrosexualismo. Su rostro parece indicar: “¿Traje de colegiala? Pero si no lo compré para ti, Remigia, sino para mí. Yeah!” (Nota: la homosexualidad no tiene por qué derivar a transexualidad. Pero me es gracioso imaginar a ese tipo así).

lunes, 4 de febrero de 2008

Japón 2008: El comienzo


Arón nos cuenta:

“Hace cosa de una semana, comenzó, de forma oficial, los preparativos del nuevo viaje que tengo entre manos: Japón 2008. De hecho, ya había hablado con mis dos compañeros de viaje tiempo atrás, y ya teníamos el billete comprado desde hace más de un mes. Pero el martes pasado ha sido la primera vez que los tres nos reunimos para charlar sobre este asunto.”

“Vimos un curioso documental sobre Tokio y diversas excursiones cerca de la gran capital. Lo grabé en formato divx (el peassso de menú que le puse lo pueden ver en la foto bajo este texto, yeah!) Todo esto mientras saboreábamos unos maravillosos sushis caseros que Katya cocinó, así como una fondue de chocolate de postre (¡Toma ya!). Las maravillas que pudimos contemplar a este lado de la pantalla, pronto las viviremos al otro lado. Mayo del 2008: una fecha que recordaré toda mi vida con una amplia sonrisa en mis labios.”



Este es el plano subjetivo de tres hombres que en mayo sufrirán un glorioso ataque de orgasmos.

Cómo conocí a Casandra, Parte 1 de 5


Ahora que estamos en plena época de Carnavales, me viene a la mente, de forma irremediable, el recuerdo de cómo conocí a Casandra. Aún hoy se me hace bastante doloroso el exponer tales fragmentos de memoria. No obstante, y con motivo de un justo exorcismo de mis demonios, haré un esfuerzo:

Este era el cuadro: yo disfrazado de soldado árabe, con todos los complementos necesarios tales como mi turbante, mi espada con forma de luna, los anillos con grandes piedras de colores aprisionando mis dedos, los ropajes anchos de colores verdes y azulados. Me encontraba en medio de decenas de personas que se agolpaban en bailes sensuales al son de la música superficial de aquellos tres ridículos cantantes, vestidos como camareros y con coreografías bastante simplonas. La música era un murmullo para mis oídos, todas esas personas eran caras desconocidas, todas esas chicas eran oasis inalcanzables de mi particular desierto interno. Nunca nadie se sintió tan solo estando tan acompañado. Pocas personas me podrán comprender.

Eran los carnavales de hace cinco años y se suponía que debía de estar feliz, debía pasármelo en grande. Salí de aquel cúmulo de gente “feliz” y me perdí por los callejones anexos, lugar de adolescentes borrachos e irremediable cementerio de botellas vacías. Entré en la plaza, donde no había nadie, un lugar virgen que no había sido arrasado por los vómitos ni por los charcos de cerveza. Sus ojos se posaron rápidamente sobre los míos. Casualmente estaba vestida como una hermosa doncella árabe. Su pelo mágicamente negro contrastaba con el rosado claro de su velo y el resto de su disfraz. Su cara era dulce, al igual que su sonrisa, algo que no contemplaría hasta minutos después, ya que en ese instante sus enormes ojos azules respiraban tristeza.

- Cinco más como tú y ya tengo mi harén.- Le dije, sentándome a su lado.

domingo, 3 de febrero de 2008

She´s fucking Matt Damon!

Matt Damon nunca había sido uno de mis actores predilectos, la verdad. Pero eso fue después de ver (gracias, Lolo!) la magnífica trilogía de Bourne. Tres grandes películas de acción que me dejaron con la boca desencajada. Tres fantásticas historias de espionaje, localizaciones exóticas, hostias con la mano abierta (y cerrada), persecuciones impresionantes, conspiraciones políticas, asesinos imparables... Vamos, una gozada. Cine de acción de gran calidad. Y el que diga lo contrario, es porque no ha visto ninguna de estas películas (¡he dicho!). Matt Damon logró embrigarme con su personaje de Jason Bourne, y desde entonces, lo miro con más respeto. El caso es que, gracias a Las Horas Perdidas y Blog de Cine, he podido ver uno de los desternillantes videos de Sarah Silverman (esta tía es la hostia, jajajaja), concretamente uno en el que confiesa en el show de Jimmy Kimmel (Jimmy Kimmel, Jon Stewart, Jay Leno, Conan O´Brien... en los USA tienen como 300.000 programas del mismo palo ¿no? Que fueerrrete) que se tira a Matt Damon. "I´m fucking Matt Damon". Entren aquí. Matt Damon me cae aún mejor tras ver este pedazo de sketch. Como dicen por esos lares: It´s fucking hilarious, dude!


Matt Damon!!

viernes, 1 de febrero de 2008

Hot Wheel!!!


Y nada, estaba yo a mi bola, conduciendo hacia mi trabajo (nada, hace escasos minutos), yendo por el pueblo de Tías (sí, voy a Puerto del Carmen por Tías ¿pasa algo? ¿eh?), cuando, al pasar por la rotonda de la salida del pueblo, siento como el culo del coche se me va hacia la derecha. Fue como si hubiese deslizado en un charco helado. Corrijo la trayectoria, un tanto mosqueado, y sigo bajando por la inclinada carretera. Inocente de mí, dejo divagar mis pensamientos, olvidándome un poco de aquel suceso. Cuando, de pronto, el coche comienza a vibrar. A tal vibración le acompaña un sonido bastante peculiar. Bajo el volumen de la música, acallando un poco a los Sneaper Pimps y su temazo “6 underground”. No hay duda, la rueda trasera se ha jodido. Damn it!

El coche parece empezar a imitar a un helicóptero. “¿Será mi ford escort, en realidad, un autobot?”. Sacudo esa idea de la cabeza. No soy Shia Lob... Laba... Leb... Shia LeaBeouf (ni mi padre es Indiana Jones, ojo). Trequetrequetrequetreque... Así era la banda sonora que adornaba la tensa situación. Intento buscar un sitio por donde pararme, pero aún no hay nada a la vista, a no ser que quiera salirme de la carretera y aterrizar sobre una orgía de aulagas. Continúo, paso la siguiente rotonda, esa que está cerca de Hospiten. Continúo. Recuerdo que, tras un trecho más de carretera, está la rotonda donde la policía suele ponerse para, entre otras cosas, joder vivo a todo el que no lleve el cinturón puesto. “Tengo que llegar... tengo que llegar...”



Me tuve que poner este precioso modelito.

Y llegué. Aparqué el coche en un aparcamiento cerca de la rotonda. Los coches iban pasando, contemplando mi humillación. Me pongo el chaleco reflectante, ese de color amarillo fluorescente. Me siento como uno de los pandilleros cantosos de “Batman Forever”... Me inclino ante la rueda trasera de la derecha.


Ésta fue mi cara, nada más ver la rueda.

Está más rajada que los calzoncillos de Espinete. Madre del amor hermosa... No sé qué sentir, si asombro ante tal hazaña, lástima por mi estimada compañera de caucho, o indignación ante la idea de desembolsar pasta por una nueva rueda. La toco y me quemo el dedo.

- ¡Hosssstia...!

Pues nada, cambié la rueda y tal. Cuando vi el corte, en su glorioso esplendor, es decir, con la rueda ya descansando sobre el pavimento, observé lo que parecía un corte en redondo, como si hubiese intentado abrirla con un abrelatas de medio metro. De su interior, al ponerla en otra posición, se cae lo que parece un montículo negro de tierrilla. No, es la goma de la rueda, triturada. Manda huevos.



Cambiar ruedas: un verbo que debería ser erradicado.

Pongo la otra rueda, como ya dije, y me voy con el coche hacia el supermercado más cercano, en busca de algún refresco para llevarme a la árida garganta. Se me ha olvidado quitarme el chaleco reflectante, todos me miran al pasar por los pasillos. La cajera, cobrándome la lata en cuestión, no deja de mirar hacia el amarillo fosforito que desprendo. Es equivalente a un mosquito atraído por una bombilla, he de suponer. Para más cachondeo, en el hilo musical del supermercado escucho una canción de Alex Lumbago... estoooo, Alex Ubago: “...la vida es una rueda que nunca frena...”

En fin...

Muévete, cojones: estudia, zángano


Has terminado el instituto y te embarcas en la enriquecedora experiencia (según se mire) de estudiar en la universidad. Es posible que, incluso, te hayas tenido que trasladar de ciudad y todo. No obstante, lejos de cumplir los coherentes deseos de tus progenitores, te dedicas a tocarte los huevos de una forma casi espectacular. Muévete, cojones ¡estudia! ¿Acaso te piensas que tus borracheras, el alquiler del piso que compartes con diversos freaks, la luz que gastas bajándote pelis porno del emule... es gratuito? Nada de año sabático, si hay que estudiar, se estudia, leñe. Que no se puede sacar los cursos, año por año, pues vale, se saca en la medida de lo posible, pero se intenta ¿estamos? Y si no es esa la carrera que te motiva, pues te cambias a otra ¿Que no te gusta estudiar? Pues ponte a trabajar. No des más mala fama a la figura del estudiante español ¿OK? Que tus padres están partiéndose la columna en sus respectivos trabajos para que tú aproveches el tiempo, no para que te rasques la huevada. "Jo, ¡qué borrachera me pegué el otro día!" ¿Sólo tienes ese tema de conversación? Muévete, cojones ¡hinca los codos de una puñetera vez!

¡Feliz año niebo!


¡¡¡Hey, hey, hey!!! ¿Qué tal va todo, artistas? Ahora que comenzamos el mes de febrero ("febrúar" en islandés), es hora de hacer recuento de éxitos y metas obtenidas ¿Cómo les ha ido? De toda esa lista de propósitos ¿han alcanzado alguna? ¿han comenzado alguna? Señores, hay que ponerse en lo que hay que ponerse. Así que nada de decir "No, no voy a apuntarme al gimnasio, como tenía pensado. Para eso mejor me compro uno de esos parches de la Teletienda, de esos que dan descargas y te dejan cuadrado en dos semanas." o "¿Dejar de fumar? Creo que esperaré a verano... cuando esté más tranquilito, de vacaciones, tu sabes... ejem..." o "¿El viaje a México? Pues, no sé, cari, me da que tendremos que dejarlo para el año que viene ¿y si nos vamos a La Palma?". Señores, hay que echarle un par. Hagan flashback al brindis de fin de año y recapitulen. ¿Quieren una vida mejor? Luchen por ello. Así que, yo les digo, este año hay que ponerse firme. Yo, por mi parte, prometo darles más de mi blog. Es por ello que este año será el año niebo (la "humirdá" ante todo, mi niña). Bring it on, bitch!


Si no se portan bien, Fabián les dará una ondanada de hostias. Que no les despiste esa sonrisa de buen rollo. Que se lo digan a Garey Busey...